Todos los negocios son financieros, sin importar lo más mínimo la actividad que efectúen o bien la industria donde se desarrollen. Y la razón es sencilla: un empresario debe tener claro si está produciendo ingresos, saber de qué manera acrecentar su margen útil y de qué forma usar instrumentos financieros para atenuar algunos peligros. De esto depende, en buena medida, que su compañía subsista, crezca o bien muera.

El inconveniente es que en la mayor parte de las Pymes (Pequeñas y medianas empresas), los dueños se concentran más en lo operativo y no reconocen la relevancia de la parte financiera. Para ellos, mientras haya dinero para cubrir las necesidades básicas de la organización, todo va bien. Incluso los estados financieros solo los toman en cuenta en el instante de tener que abonar los impuestos.

Aparte de este desinterés por los números, hay un desconocimiento sobre la  forma de usar y también interpretar la información financiera para tomar resoluciones clave que hagan crecer la compañía. En consecuencia, hay que entender de fondo algunos indicadores financieros para saber lo que ocurre en el negocio. De entrada, debemos ser conscientes que no es exactamente lo mismo vender o bien producir utilidades que tener flujo de efectivo.

Por ejemplo, una persona puede verse sana en apariencia. No obstante, al hacerle análisis y diferentes pruebas, se pueden descubrir ciertas anomalías. Si se emprenden acciones precautorias con base en el diagnóstico, muchas de esas enfermedades tienen antídoto.

La realidad es que la información financiera es una radiografía de tu empresa: te confirma qué le duele y cuál es el antídoto. Y tenerla actualizada –al menos cada trimestre–, al final te da una ventaja a nivel competitivo frente al resto de actores que se mueven en tu mismo sector.

Una persona que comprende de finanzas es como un médico de los negocios. Con lo que una primera recomendación es que los pequeños empresarios asistan un curso de finanzas. La meta es no quedarse en un nivel de análisis superficial y verdaderamente llegar a el fondo de los inconvenientes o bien identificar nuevas oportunidades que en muchas ocasiones pasan desapercibidas.

Podemos recomendar estos 3 análisis financieros para empezar:

1. Estado de resultados. Es un estado financiero dinámico, donde te enseña la situación durante un periodo de tiempo a nivel de ventas, gastos, costos, etcétera, como por ejemplo de qué forma va la compañía de febrero a junio de 2017.

2. Balance general. Es una foto de la compañía en un instante determinado: de qué manera está al 31 de diciembre  de 2017. Esencialmente, te indica cuántos recursos estás manejando (activos) y, de esta cantidad, cuánto debes (pasivos) y cuánto es propio (capital).

3. Estado de flujo de efectivo. Te deja saber cuánto dinero verdaderamente le entra a tu negocio (cash flow). No es exactamente lo mismo producir utilidades a producir dinero. Este aspecto es donde valoras los movimientos que se hacen a nivel flujo:

– Si tus clientes del servicio aumentan de un año al otro, vas a tener menos dinero; si reducen, entonces se acrecentará tu flujo de efectivo pues vas a ser más efectivo en la cobranza.

– Si tus inventarios aumentan de un año al otro, vas a tener menos dinero en cash flow; mas si reducen, va a aumentar el efectivo por el hecho de que ya los vendiste.

– Si se acrecientan tus créditos y tus cuentas por abonar, dispondrás de más efectivo por el hecho de que te prestan dinero; si esta cantidad reduce y pagas el crédito, entonces vas a tener menos efectivo.